El viernes estuve en el Centro Cultural en la presentación de
una nueva asociación de mujeres “Feministas de pueblo”, asistí junto a dos
concejalas más Ana Mazarro y Natalia Fernández.
Ver nacer una asociación
es un placer inmenso. Escuchar sus planteamientos, sus objetivos, sus
metas… me llevó a una reflexión personal.
Y, es que yo, también, soy una feminista de pueblo.
La primera razón porque nací en un pueblo pequeño de apenas
100 habitantes donde ser mujer es un poco más difícil ya que los roles están
muy marcados y las oportunidades son más escasas. Desciendo de una familia
humilde, mis abuelas no sabían leer ni escribir, mi madre apenas sabe escribir…
no era la escuela cosas de mujeres.
La segunda razón es que soy feminista porque siendo mujer no
puedo ser otra cosa. Pertenezco a una generación donde la distinción entre hombres y mujeres
era muy aguda, mi vida hubiera pasado por casarme, tener hijos y ser ama de
casa, una vida de mujer-mujer que dicen algunos. Pero, me empoderó el feminismo
y me enseñó que estas tres cosas, junto a otras muchas, eran una opción no una
obligación.
El feminismo es la gran revolución del siglo XX, un
movimiento pacifista, libertario e igualitario
que cambió el rumbo y la vida de muchas mujeres. “La hora violeta” que escribió
Monserrat Roig ha supuesto un antes y un después en la historia de la
humanidad, no podemos entender la Historia con mayúsculas sin el protagonismo
de las mujeres.
Como todo movimiento, el feminista se ha ido aderezando con
matices cada vez más consistentes hemos pasado del voto femenino, a poder ir a
las universidades, a aprender a leer y a escribir, a decidir sobre nuestro
cuerpo, al no es no, a las mareas moradas… sin duda hemos evolucionado en
nuestra reivindicaciones hasta casi tocar el techo de cristal. Ese techo de
cristal que no vamos a poder romper si no es con el empuje de todas y todos.
Quiero, aquí, hacer una pausa para
hablar de los hombres, de ese aliento cálido, de nuestras parejas, amigos y
compañeros que saben que la igualdad tiene que ser real, o no será. El
feminismo no es exclusivo es inclusivo, las feministas hablamos de los hombres
y queremos a los hombres a nuestro lado.
El feminismo tiene un
componente de sororidad que me gusta mucho, mientras exista una sola mujer que
sufre solo por el hecho de ser mujer en cualquier parte del mundo el feminismo
está vigente.
Ahora cuando algunos personajes o grupos políticos quieren
demonizar al feminismo, ahora cuando el peligro nos acecha con sus garras
fieras, ahora, más que nunca, no podemos desfallecer. Por ello, es necesario
que se multipliquen las asociaciones de mujeres para estar unidas, luchando por
nuestros derechos para seguir avanzado en igualdad, para que nadie se quede
atrás. De ahí que, hoy, como portavoz del equipo de Gobierno dé la bienvenida a
esta asociación, deseándoles toda la suerte en ese camino apasionante que se
han marcado como reto. Dicen en el vídeo de presentación: “Soy feminista de
pueblo, tengo la fuerza del viento y la suavidad del agua”.
En esta lucha siempre nos encontrarán.
Ana Carmona.- Portavoz del equipo de Gobierno.
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