El alfarero Virgilio Vizcaíno ha dado forma en barro a las trece ollas del Santo Voto que se encendieron en la noche del miércoles en la glorieta de la Virgen de Gracia y que dan el calor y sabor más auténtico de Puertollano, y con las que se rememora la manera más tradicional en la que generaciones anteriores elaboraron este guiso.
Vizcaíno, desde su taller de la Avenida Primero de Mayo 61, es uno de los herederos de la larga tradición ceramista en nuestra ciudad durante varios siglos, y ha sido el encargado de dar vida a estas trece ollas con una capacidad cada una de cinco litros con las que Puertollano de nuevo cumplirá un voto de más setecientos años.
Ollas de guisar y de
servir
El alfarero elabora las ollas del Santo Voto con barro
especial que aguante bien las altas temperaturas y su elaboración sigue el mismo
proceso artesano que se ha seguido de forma tradicional, salvo el motor del
torno que antes era se movía pie. Un torno en el que como antaño Virgilio
coloca el barro, lo centra y eleva la pieza que después será rematada con
esmaltes alimentarios y el paso final es su cocción en el horno a unos mil
grados.
Virgilio advierte que hay dos ollas del Santo Voto, una para guisar y otra para servir el guiso en casa, en la que se precisa otro tipo de barro que no requiere aplicarle tan alta temperatura.
La complejidad de guisar con barro
Virgilio reconoce que guisar con barro es complejo, de ahí
que en el período en el que apareció el hierro pasó relegado a un segundo plano
como elemento más decorativo. Su consejo es que se utilice con un calor
progresivo, ya que las piezas sufren mucho con los cambios térmicos, y la
consecuencia de usarse con repentinas altas temperaturas o se eche agua fría a
una pieza caliente es que acabe por fracturarse.
El sabor del puchero
“Nuestros abuelos decían que se levantaban a las siete de la mañana porque el puchero se ponía al lado de la lumbre, nunca encima”, relata el maestro alfarero, “para que se fuera calentando y al final hirviese despacio y eso hace que sepan tan bien las comidas en puchero porque se prolonga su elaboración que se homogeneizan los sabores”.

Una gran actividad
alfarera desde el siglo XVIII
La línea de trabajo en de los alfareros en nuestra ciudad,
cuenta Virgilio, era muy similar al
que se hacía en el resto de la provincia, aunque cada uno daba su toque
personal, el suyo es de hacer las ollas del Santo Voto un poco más amplias para
guisar y más estrechar para servir.
En el siglo XVIII había hornos olleros en el casco antiguo
de Puertollano distribuidos entre las calles Ancha, Fuente, Amargura, Real,
Calzada, Atajo y Cuadro. A principios del siglo XX aún mantenían su actividad
los talleres alfareros y tejeras de Joaquín Chinchilla, Jesús Rivilla y Pantaleón Grande y su hijo Juan Grande “El
Ollero”, cuyo trabajo describe en el trabajo de investigación de José González Ortiz sobre la cerámica
popular extinguida de Puertollano.
Los pucheros del Santo Voto, como las que elaboró “El
Ollero” hasta 1930, son los que utilizaban los puertollaneros para recoger el
sagrado guiso cada octava de la Ascensión, y se han convertido en uno de los
principales elementos artesanos de Puertollano junto a la cantarilla del agua
agria.
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