Por una lucha incansable

En 2015, la Asamblea General de
las Naciones Unidas proclamó el 11 de febrero, como el Día Internacional de la
Mujer y la Niña en la Ciencia para lograr el acceso y la participación plena y
equitativa de éstas en la ciencia, así como lograr la igualdad de género y el
empoderamiento de las mujeres y las niñas en esta materia.

El papel de la mujer en la
ciencia, a través de la historia, ha sido fundamental en el descubrimiento de
grandes hallazgos en distintos campos como la medicina, la física, la
tecnología… de los cuales, hoy la humanidad se sigue beneficiando.

Estas mujeres dedicaron toda su
vida, a la investigación científica. Sin embargo, en muchos casos, sus trabajos
fueron acreditados a hombres, descubrimientos femeninos deliberadamente
olvidados, ignorados o atribuidos a compañeros. Desde la reparación histórica
de la figura de Rosalind Franklin, por su contribución en el descubrimiento de
la estructura del ADN frente la invisibilización forzada por sus compañeros de
trabajo. Podríamos rellenar centenares de páginas de nombres e historias de
mujeres a las que les tocó vivir tiempos donde no eran valoradas ni
consideradas dentro de la sociedad por razones políticas, sociales, religiosas
y culturales, relegándolas, ya no a un segundo plano, sino al olvido. Solo el
3% de los Nobel de ciencias se han concedido a mujeres desde la creación de estos
galardones en 1901.

Sin embargo, el esfuerzo y
trabajo de todas ellas sigue dejando huella para las futuras generaciones,
marcando en infinidad de ocasiones un antes y un después en la historia de la
ciencia y la tecnología.

Parece paradójico que en el
ámbito de la ciencia y el conocimiento existan actitudes o manifestaciones
discriminatorias o al menos que no fomenten la igualdad de género. Especialmente,
en un ámbito como la investigación, que se basa en la innovación y en la
generación de nuevas ideas, lo cual se estimula y fomenta en ambientes diversos
y no uniformes.

El eterno problema de los
estereotipos de género lo arrastramos desde nuestra más tierna infancia. Mientras
que a nosotras nos enseñan a escuchar, empatizar y cuidar de los demás o consideran
que no somos lo suficientemente inteligentes para las matemáticas, la
tecnología o la informática, se hace ver que los chicos tienen una afinidad
natural para desarrollarse en estas áreas y a menudo se les inculca el ser
valientes, prácticos y útiles, algo que tiene un impacto en sus trayectorias
educativas y laborales.

Además, existe un techo de
cristal truncando carreras en la ciencia que impide a las mujeres llegar a los
puestos más altos. A la falta de referentes femeninas, modelos a seguir o
espejos en los medios de comunicación y en los libros de texto desde que son
pequeñas, se suman los problemas de conciliación familiar y laboral.

Es una opinión plenamente
extendida en la comunidad investigadora que una composición equilibrada entre
las mujeres y hombres en los equipos de investigación, no es solo una cuestión
de justicia, que también, sino que tiene mucho que ver con la mayor calidad de
la ciencia que producen.

El brote de la pandemia por
COVID-19 ha dejado claro el papel crucial de las mujeres investigadoras en los
diferentes frentes en la lucha contra la COVID-19, desde los avances en el
conocimiento del virus hasta el desarrollo de técnicas para las pruebas de
COVID y las vacunas contra el virus. Aunque, al mismo tiempo, la pandemia ha
tenido un impacto negativo muy significativo en las mujeres científicas, afectando
especialmente a las que se encontraban en los inicios de sus carreras, lo que
ha contribuido a que se ensanche la brecha de género existente en la ciencia.

La importancia de espejos o
referentes son esenciales para avanzar y Puertollano es un buen ejemplo tanto
en ciencia como en mujeres científicas, ingenieras y tecnólogas que lideran
grandes empresas del sector industrial, los centros de investigación de la
ciudad, las instituciones educativas promoviendo el cambio económico y social
hacia un Puertollano más sostenible también en lo igualitario.

En este Día Internacional de las
Mujeres y las Niñas en la Ciencia, aprovechemos el poder de la innovación y la
tecnología como impulsoras del cambio, y trabajemos en conjunto, comunidad
científica y educativa, administraciones y organismos, medios de comunicación,
todos y todas, para empoderar a las mujeres y niñas en las esferas de la
ciencia, derribando estereotipos.

Por estas razones y muchas más, la celebración de esta importante fecha, viene a representar también un homenaje a todas las grandes mujeres que han aportado su granito de arena para que hoy la raza humana pueda disfrutar de una vida mejor. Ellas han diseñado medicamentos que salvan vidas y han atravesado la barrera del sonido, han explorado el universo y han sentado las bases para comprender la estructura del ADN. Son modelos a seguir para las generaciones futuras.

Si a una niña o una joven le
atrae la ciencia pero se cuestiona su potencial, solo tiene que preguntarse si posee
algunas de estas capacidades… curiosidad infinita, para cuestionarse todo. Perseverancia,
para no rendirse. Inteligencia e ingenio para crear sus propias herramientas
cuando no las tenga a su alcance.  Una
mente abierta. Imaginación y creatividad. Paciencia y capacidad de observación.
 No tener miedo, ser valiente para
defender sus ideas y para enfrentarse a nuevos retos o para afrontar fracasos y
derrotas. Tenacidad, constancia, decisión, intuición, empatía y algo de
irreverencia. Seguro que tiene algunas de estas capacidades y si le llama la
ciencia, que no lo dude, porque la ciencia necesita personas como ella.

Para finalizar, me gustaría compartir una bonita historia sobre una tribu de Guatemala, que tiene la creencia de que su tribu es como un águila, un ala es masculina y la otra es femenina, y solo cuando las dos alas son iguales la tribu es capaz de volar.

Ana Belén Mazarro-.

Concejala de Igualdad.

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