Notas de prensa

Un estudio del Hospital de Tomelloso consigue una beca nacional para investigar la fisiopatología de una enfermedad en auge

Ciudad Real, 28 de septiembre de 2018.- Cuál es el origen de una enfermedad que afecta cada día a más personas y que se ha convertido en la primera causa que dificulta tragar a niños y adultos jóvenes. Su respuesta es el objetivo del equipo de investigadores del servicio de Digestivo del Hospital de Tomelloso cuyo proyecto ha sido becado para avanzar en el conocimiento de la esofagistis eosinofílica.
 
El proyecto de investigación titulado ‘Caracterización de la actividad de los receptores toll-like en la fisiopatología de la esofagitis eosinofílica’ que dirige el doctor Alfredo Lucendo,  jefe de Digestivo del Hospital de Tomelloso, dependiente del Servicio de Salud de Castilla-La Mancha, ha conseguido la beca de investigación AEDESEO-Nestlé, que concede la Asociación Española de Esofagitis Eosinofílica, única entidad sobre esta patología que existe en Europa.
 
La esofagitis eosinofílica (EoE por sus siglas en inglés) es una forma particular de alergia alimentaria crónica caracterizada por la inflamación del esófago tras el contacto con alérgenos de la dieta. Los primeros casos de esta patología surgieron en la década de los 80 y desde entonces su detección ha ido en aumento. Hoy en día “se calcula que en España puede haber unas 40.000 personas afectadas, con un auge exponencial en niños”, ha afirmado Lucendo.
 
Análisis previos realizados por el grupo de investigación en el que se incluyen expertos del Hospital de Tomelloso y del Hospital ‘La Princesa’ de Madrid, registran diferencias en la composición microbiana esofágica y duodenal entre pacientes con EoE y sujetos sanos.
 
En los últimos años han aumentado “todas las enfermedades de base inmunológica, sin embargo en el caso de la esofagitis eosinófílica este incremento ha sido exponencial”, explica el especialista. Teniendo en cuenta que esta patología comenzó a describirse en los años 80, en cuestión de veinticinco años su diagnóstico “ha pasado de ser una rareza a convertirse en la principal causa de dificultad para tragar y síntomas digestivos altos en niños y adultos jóvenes, por encima de cualquier otra enfermedad”, matiza.
 
Según los estudios sobre la incidencia de EoE realizados con anterioridad en los que se revisa la frecuencia de la enfermedad en las áreas de Tomelloso y Manzanares la proporción de esofagitis eosinofílica es de un caso cada 843 pacientes.
 
El origen de la enfermedad
 
Gracias a la beca se investigarán los orígenes de la enfermedad estudiando cómo se regula el sistema inmune de la mucosa del esófago y sus cambios por el tratamiento. Estudios previos realizados en el Hospital de Tomelloso determinaron que “existe una alteración en la expresión génica de unos receptores específicos, los TLRs, mediante los que la mucosa reconoce los componentes de la microbiota”, ha explicado el doctor Lucendo.
 
En función de la señal de estos receptores se determina qué tipo de patógeno o ‘comensal inocuo’ está presente en la superficie de la mucosa. La señal transmitida por la activación de los TLRs “podría desempeñar una función relevante en el inicio y mantenimiento de la inflamación esofágica en la EoE”, ha aclarado el coordinador de la investigación.
 
Únicamente conociendo los mecanismos por los que se regula el sistema inmune de la mucosa esofágica podremos entender cómo surge la enfermedad, y a partir de ahí poder plantear estrategias para prevenirla, concluye Lucendo.
 
Hay varios factores que influyen en la aparición de la esofagitis eosinofílica, entre ellos el factor genético que determina cierta predisposición y factores ambientales, que parecen guardar una relación fundamental con los alimentos.
 
Dejando a un lado el estudio genético “pues en 25 años la genética humana no ha variado sensiblemente, es fundamental analizar cómo el ambiente ha incidido en nuestra dieta”, cuestiona el jefe de Digestivo del Hospital de Tomelloso, quien señala como ejemplos el uso de antibióticos, de aditivos alimentarios y de pesticidas o los  métodos de conservación de los alimentos, todos ellos factores capaces de modificar la microbiota esofágica y a través de ella  modular la respuesta inmune en los primeros años de vida.
 
Según explica Lucendo, no se conoce exactamente el modo en que estos factores determinan la aparición de la enfermedad, pero “estudiar el efecto de los cambios en la microbiota sobre la regulación del sistema inmune del esófago es, sin duda, una posibilidad que merece ser explorada”, concluye.

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